jueves, 2 de junio de 2016

Cómo presentar y defender los trabajos finales de cursos de grado y posgrado

Baron, A. (2016). Cómo presentar y defender los trabajos finales de cursos de grado y posgrado: Tesis, artículos científicos y monografías de compilación según las normativas APA. Asunción, Paraguay: Anton Baron Publicaciones.


miércoles, 13 de abril de 2016

Monografía: Guía práctica de elaboración de los escritos monográficos. 2ª ed.

Baron, A. (2016). Monografía: Guía práctica de elaboración de los escritos monográficos. Con las normativas APA y el material complementario en línea sobre los recursos disponibles en la Red Internet. 2ª ed. Asunción, Paraguay: Vicerrectoría de Investigación Científica y Tecnológica - UTIC.
Material complementario de este libro lo pueden descargar aquí.

martes, 29 de marzo de 2016

Inundaciones, damnificados y los estereotipos sobre los pobres y la pobreza

Debido a los acontecimientos de inundaciones y la ayuda humanitaria (siempre insuficiente) que se les brinda, no faltan los que recalientan los viejos estereotipos sobre los pobres y la pobreza. Unos cuentan sus experiencias como voluntarios que los beneficiarios se quejaban de las marcas de los productos, otros re-publican las publicaciones más “elaboradas” que señalan que son pobres y sin embargo tienen TV por cable, etc., y todos concluyen que “nunca más” van a ayudarlos.

Esto aunque no se aprueba se entiende: en Paraguay como en el resto de América Latina aproximadamente la mitad de la población está destinada a vivir en condiciones de pobreza. Siendo estos niveles tan altos y prácticamente imposibles de ser reducidos a corto plazo, se produce una situación en la cual todos los habitantes de nuestra región necesariamente deben ser pobres o toparse con la pobreza a diario. Dado que es difícil “anestesiarse” al dolor ajeno y siendo que nadie tampoco quiere aceptar esta situación como algo natural o normal, se crean en nuestro medio algunos estereotipos sobre los pobres y la pobreza, cuyo objetivo principal, consciente o inconsciente, es desvincular la responsabilidad propia y atribuirla a los mismos pobres. Algunos de estos estereotipos que se repiten con mayor frecuencia son los siguientes.

“Esta gente no trabaja porque no quiere”. La manera más simple de verificar y probar la veracidad de esta afirmación consistiría en conseguir un trabajo fijo a cada indigente o pobre desocupado. Si aun así no trabajasen, se podría estar de acuerdo con ella. Sin embargo, dado que esto es imposible y que siempre existirán personas desempleadas que quieran trabajar y no encuentran una ocupación, el mencionado estereotipo carece de fundamento alguno. Obviamente se trata a que estas personas obtengan trabajos formales y no que se ocupen de limpiar vidrios, lustrar zapatos o dedicarse a las ventas callejeras de productos falsificados. Pero hay algo más: en un supuesto caso, en el cual habría un puesto de trabajo para todos, muchas de estas personas igual no estarían capacitadas para encontrar un empleo, no sabrían dónde acudir, no conocerían la existencia de alguna oficina pública de desempleo, no tendrían idea sobre cómo y con qué requisitos presentarse, etc.

“Los pobres no progresan porque abandonan lo suyo y se abandonan a sí mismos”. Se especifica esta opinión argumentando, por ejemplo así: “los pobres dejan gotear su techo mientras toman tranquilamente el tereré”. En parte es cierto que en muchos casos, las viviendas de los pobres muestran rasgos de abandono, pero nadie se pregunta sobre la motivación que tendrían estas personas para arreglar sus casas o cuidar de sus cosas, ya que, según su percepción propia, la vida no les ofrece perspectivas para alguna mejora sustancial. Si por ejemplo, al propietario de una vivienda precaria se le cae la puerta, no ve ninguna urgencia en arreglarla, primero porque el eventual arreglo no mejoraría significativamente la calidad de la vivienda en sí y en segundo lugar, una puerta caída a medias, desde una determinada óptica, cumple perfectamente con su cometido al igual que la que está ajustada perfectamente. Convengamos que semejante pensamiento sería difícilmente imaginable para alguien que alberga en su mansión vehículos lujosos, cajas fuertes con joyas, chequeras u obras de arte de incalculable valor.

“Muchos pobres prefieren comprarse un televisor o un equipo de sonido, por más que les falta para comer”. Esta es una expresión frecuente de la tercera clase de estereotipos. En primer lugar, parece que los que formulan esta acusación se olvidan que las personas pobres también son... ¡personas! Están sujetas a los mismos mecanismos sociales que ocurren en cualquier otro estrato social, como por ejemplo, el deseo de un status social más elevado, la competencia, la necesidad de informarse y de divertirse. Una TV, un aparato de música y su consumo ostensible funcionan como un símbolo de un determinado estatus social en todos los estratos sociales, no solamente entre los pobres. Pero en segundo lugar, considerando que estos aparatos sirven a veces para evadirse, aunque sea momentáneamente del sufrimiento y la miseria cotidianos, ¿por qué esto tendría que ser objetable?

“La gente de barrios bajos es de mal vivir”. “Las prostitutas, los ladrones y los borrachos abundan en estos lugares”, sentencian a menudo muchos “buenos” ciudadanos. Probablemente sea cierto que el mayor porcentaje de mujeres pobres se prostituya en comparación con las de otras clases sociales, pero también es cierto que la mayoría de ellas lo hace por necesidad y, como en los otros casos de violencia, la borrachera y los hurtos, a menudo se confunden las causas con las consecuencias. Claro que los “moralistas” dirían que en ningún caso, la indigencia justifica la delincuencia, o sea creen que cada ser humano está dotado de un sentido de “justicia”, que hace que prefieran sufrir el hambre o hasta la muerte, antes de robarse alguna comida. Pero hay que aclarar que este tipo de acción de sacrificar su salud y hasta la vida por no cometer un acto delictivo de hurto, no sería simplemente una cuestión ética: se trataría de algo admirable, extraordinario, excepcional o hasta heroico. Pero precisamente por tratarse del heroísmo, no se puede esperar ni menos exigir que todo el mundo sea heroico.

Así que si alguien no quiere ayudarles, mejor que diga “no me importan”, “es su problema”, "que se preocupe el Estado" etc., esto, aunque inhumano será más sincero que acudir a esos estereotipos y aparentar buena persona, siendo en el fondo un hipócrita.

lunes, 28 de marzo de 2016

Antropología social

Baron, A. (2016). Antropolgía social. Asunción, Paraguay: Editorial Trigales.
El texto está confeccionado de acuerdo con el programa oficial del MEC y contiene las siguientes unidades:
  1. Relevancia de la disciplina de la Antropología social
  2. Diversidad social
  3. Saberes, creencias y religiones
  4. Problemas sociales de la realidad nacional
  5. Teorías y políticas sociales 
  6. Contextos contemporáneos
  7. Globalización 
  8. Cambios y problemas sociales 
  9. Fenómenos sociales actuales en el contexto regional y nacional
El texto cuenta con un Glosario de términos técnicos y cada unidad con actividades didácticas divididas en tres bloques: preguntas de comprensión, análisis de textos y ejercicios de reflexión y aplicación. Las respuestas a estas actividades y otras sugerencias didácticas están en la "Guía para el docente".

jueves, 3 de marzo de 2016

Creacionismo científico antievolucionista o ciencia de la creación: tratando de explicar por qué esta teoría hasta podría ser cierta, pero nunca científica



El creacionismo antievolucionaista es una propuesta proveniente del fundamentalismo religioso que pretende un tratamiento igualitario en las escuelas y los colegios de la teoría evolucionista y el creacionismo. Defiende una interpretación literal de Génesis, según la cual el Universo ha sido creado en seis días de 24 horas, hace no más de diez mil años. Que Adán y Eva fueron dos personajes reales que dieron inicio a la especie humana. Que hubo realmente un diluvio universal y que todas las especies fueron creadas tal como existen hoy en día. Que el hombre y el mono tienen diferentes ancestros y que las características geológicas de la Tierra se explican por catástrofes a gran escala como el diluvio universal, etc.

No habría problemas en que la gente crea en esto y hasta lo propague, pero los fundamentalistas religiosos van más lejos: pretenden convertir estas creencias en una teoría científica, tratando de probar estos postulados a través de supuestos datos y procedimientos científicos. Todo empezó en los Estados Unidos con una clara intención política cuando la ultraderecha política se alió con los fundamentalistas cristianos para ocupar una posición más relevante en la educación pública norteamericana. Sin embargo, como la Constitución Norteamericana exige la separación de la Iglesia del Estado, era imposible prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución ni introducir en las escuelas el creacionismo porque se trata de una doctrina religiosa.  De ahí que se procedió a presentar esta última como si se tratase de una teoría puramente científica y hasta se logró que el estado de Arkansas sancionara una ley que requería el tratamiento igual para la teoría de la evolución y el creacionismo.  

La reacción en contra de esta ley no se hizo esperar y fue enorme; de manera tal que el asunto llegó hasta las Cortes desafiando su constitucionalidad. Fue entonces cuando el juez W.R. Overton estableció que en este caso habría que verificar algunos estándares aceptables en la ciencia para decidir si el creacionismo los admitía. El juez habrá sido bien asesorado porque estableció criterios adecuados que dentro de la comunidad científica se consideran irrenunciables para que un determinado procedimiento pueda ser considerado científico. El magistrado determinó que la ciencia auténtica:

-          Opera de acuerdo con las leyes naturales (o sociales);
-          Sus explicaciones deben hacer referencias a estas leyes para que sean científicamente adecuadas;
-          Es empíricamente verificable;
-          Sus conclusiones son tentativas (no finales);
-          Es falsable. 

Queda claro que la ciencia de la creación no satisface estos estándares. No existen leyes que podrían ser invocadas para explicar, por ejemplo, el diluvio universal porque, de acuerdo con el creacionismo, el diluvio fue provocado por una intervención divina. En hipotético caso que esto fuera correcto, igualmente la explicación no sería científica porque la voluntad de Dios no está sujeta a ley natural alguna. El creacionista explica pues sus postulados conduciéndose siempre a la utilización de causas sobrenaturales y no a leyes conocidas. Cuando afirma que la creación  del Universo sucedió no más de 10 mil años atrás, no lo hace sobre la base de evidencias empíricas ni argumentos científicos defendibles hoy en día, sino debido a su compromiso previo con las Sagradas Escrituras. 

Además, los postulados creacionistas no son tentativos sino finales y definitivos, pues nunca serán cambiados ya que no existe observación alguna que pueda refutar la creencia de los creacionistas que el Sol, la Luna, las estrellas, la Tierra y la vida fueron creados simultáneamente, separados por espacios solamente de unos días. La verificación empírica no juega aquí un rol decisivo porque la decisión ya está tomada. Pase lo que pase, sus postulados seguirán siendo los mismos. 

Concluyendo, hay que recalcar que el estándar científico sobresaliente consiste en aceptar o rechazar las explicaciones, sobre la base de la lógica y las evidencias empíricas y no sobre la base de las meras opiniones, las autoridades ni verdades reveladas que han sido supuestas de antemano y se constituyen en verdades indiscutibles e incambiables. Consecuentemente, las afirmaciones del creacionismo son dogmáticas y no científicas, y esta conclusión no trata sobre la verdad sino sobre la cientificidad: puede ser que lo que los creacionistas afirman sea cierto pero nunca será científico.

viernes, 28 de agosto de 2015

Análisis de datos y representación de resultados


En esta clase se explica qué hacer con los datos que hemos recopilado a través del trabajo de campo: cómo recopilarlos y codificarlos, cómo usar la estadística en su procesamiento y, finalmente, cómo representar los resultados.

Recolección y medición de datos


Cómo elaborar los diferentes tipos de instrumentos para la recolección de datos: las pruebas, los cuestionarios, las entrevistas estructuradas y los registros de observación.