En Paraguay como en el resto de América
Latina aproximadamente la mitad de la población está destinada a vivir en
condiciones de pobreza. Siendo estos niveles tan altos y prácticamente
imposibles de ser reducidos a corto plazo, se produce una situación en la cual
todos los habitantes de nuestra región necesariamente deben ser pobres o
toparse con la pobreza a diario. Dado que es difícil “anestesiarse” al dolor
ajeno y siendo que nadie tampoco quiere aceptar esta situación como algo
natural o normal, se crean en nuestro medio algunos estereotipos sobre los pobres y la pobreza, cuyo objetivo
principal, consciente o inconsciente, es desvincular la responsabilidad propia
y atribuirla a los mismos pobres. Algunos de estos estereotipos que se repiten
con mayor frecuencia son los siguientes.
“Esta gente no trabaja
porque no quiere”. La manera más simple de verificar y probar la
veracidad de esta afirmación consistiría en conseguir un trabajo fijo a cada
indigente o pobre desocupado. Si aun así no trabajasen, se podría estar de
acuerdo con ella. Sin embargo, dado que esto es imposible y que siempre
existirán personas desempleadas que quieran trabajar y no encuentran una
ocupación, el mencionado estereotipo carece de fundamento alguno. Obviamente se
trata a que estas personas obtengan trabajos formales y no que se ocupen de
limpiar vidrios, lustrar zapatos o dedicarse a las ventas callejeras de
productos falsificados. Pero hay algo más: en un supuesto caso, en el cual
habría un puesto de trabajo para todos, muchas de estas personas igual no
estarían capacitadas para encontrar un empleo, no sabrían dónde acudir, no
conocerían la existencia de alguna oficina pública de desempleo, no tendrían
idea sobre cómo y con qué requisitos presentarse, etc.
“Los pobres no progresan
porque abandonan lo suyo y se abandonan a sí mismos”. Se especifica esta opinión argumentando, por
ejemplo así: “los pobres dejan gotear su techo mientras toman tranquilamente el
tereré”. En parte es cierto que en muchos casos, las viviendas de los pobres
muestran rasgos de abandono, pero nadie se pregunta sobre la motivación que
tendrían estas personas para arreglar sus casas o cuidar de sus cosas, ya que,
según su percepción propia, la vida no les ofrece perspectivas para alguna mejora
sustancial. Si por ejemplo, al propietario de una vivienda precaria se le cae la
puerta, no ve ninguna urgencia en arreglarla, primero porque el eventual
arreglo no mejoraría significativamente la calidad de la vivienda en sí y en
segundo lugar, una puerta caída a medias, desde una determinada óptica, cumple
perfectamente con su cometido al igual que la que está ajustada perfectamente.
Convengamos que semejante pensamiento sería difícilmente imaginable para
alguien que alberga en su mansión vehículos lujosos, cajas fuertes con joyas,
chequeras u obras de arte de incalculable valor.
“Muchos pobres prefieren
comprarse un televisor o un equipo de sonido, por más que les falta para comer”. Esta es una
expresión frecuente de la tercera clase de estereotipos. En primer lugar,
parece que los que formulan esta acusación se olvidan que las personas pobres
también son... ¡personas! Están sujetas a los mismos mecanismos sociales que
ocurren en cualquier otro estrato social, como por ejemplo, el deseo de un
status social más elevado, la competencia, la necesidad de informarse y de
divertirse. Una TV, un aparato de música y su consumo ostensible funcionan como
un símbolo de un determinado estatus social en todos los estratos sociales, no
solamente entre los pobres. Pero en segundo lugar, considerando que estos
aparatos sirven a veces para evadirse, aunque sea momentáneamente del
sufrimiento y la miseria cotidianos, ¿por qué esto tendría que ser objetable?
“La
gente de barrios bajos es de mal vivir”. “Las prostitutas, los
ladrones y los borrachos abundan en estos lugares”, sentencian a menudo muchos
“buenos” ciudadanos. Probablemente sea cierto que el mayor porcentaje de
mujeres pobres se prostituya en comparación con las de otras clases sociales, pero
también es cierto que la mayoría de ellas lo hace por necesidad y, como en los
otros casos de violencia, la borrachera y los hurtos, a menudo se confunden las
causas con las consecuencias. Claro que los “moralistas” dirían que en ningún
caso, la indigencia justifica la delincuencia, o sea creen que cada ser humano
está dotado de un sentido de “justicia”, que hace que prefieran sufrir el
hambre o hasta la muerte, antes de robarse alguna comida. Pero hay que aclarar
que este tipo de acción de sacrificar su salud y hasta la vida por no cometer
un acto delictivo de hurto, no sería simplemente una cuestión ética: se
trataría de algo admirable, extraordinario, excepcional o hasta heroico. Pero
precisamente por tratarse del heroísmo, no se puede esperar ni menos exigir que
todo el mundo sea heroico.
Así que si alguien no quiere ayudarles, mejor que diga “no me importan”, “es su problema”, "que se preocupe el Estado" etc., esto, aunque inhumano será más sincero que acudir
a esos estereotipos y aparentar buena persona, siendo en el fondo un hipócrita.
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martes, 29 de marzo de 2016
jueves, 3 de marzo de 2016
Creacionismo científico antievolucionista o ciencia de la creación: tratando de explicar por qué esta teoría hasta podría ser cierta, pero nunca científica
El creacionismo
antievolucionaista es una propuesta proveniente del fundamentalismo religioso
que pretende un tratamiento igualitario en las escuelas y los colegios de la
teoría evolucionista y el creacionismo. Defiende una interpretación literal de
Génesis, según la cual el Universo ha sido creado en seis días de 24 horas,
hace no más de diez mil años. Que Adán y Eva fueron dos personajes reales que
dieron inicio a la especie humana. Que hubo realmente un diluvio universal y
que todas las especies fueron creadas tal como existen hoy en día. Que el
hombre y el mono tienen diferentes ancestros y que las características
geológicas de la Tierra se explican por catástrofes a gran escala como el
diluvio universal, etc.
No habría
problemas en que la gente crea en esto y hasta lo propague, pero los
fundamentalistas religiosos van más lejos: pretenden convertir estas creencias
en una teoría científica, tratando de probar estos postulados a través de
supuestos datos y procedimientos científicos. Todo empezó en los Estados Unidos
con una clara intención política cuando la ultraderecha política se alió con
los fundamentalistas cristianos para ocupar una posición más relevante en la
educación pública norteamericana. Sin embargo, como la Constitución
Norteamericana exige la separación de la Iglesia del Estado, era imposible
prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución ni introducir en las
escuelas el creacionismo porque se trata de una doctrina religiosa. De ahí que se procedió a presentar esta última
como si se tratase de una teoría puramente científica y hasta se logró que el
estado de Arkansas sancionara una ley que requería el tratamiento igual para la
teoría de la evolución y el creacionismo.
La reacción
en contra de esta ley no se hizo esperar y fue enorme; de manera tal que el
asunto llegó hasta las Cortes desafiando su constitucionalidad. Fue entonces
cuando el juez W.R. Overton estableció que en este caso habría que verificar
algunos estándares aceptables en la ciencia para decidir si el creacionismo los
admitía. El juez habrá sido bien asesorado porque estableció criterios
adecuados que dentro de la comunidad científica se consideran irrenunciables
para que un determinado procedimiento pueda ser considerado científico. El
magistrado determinó que la ciencia auténtica:
-
Opera
de acuerdo con las leyes naturales (o sociales);
-
Sus
explicaciones deben hacer referencias a estas leyes para que sean
científicamente adecuadas;
-
Es
empíricamente verificable;
-
Sus
conclusiones son tentativas (no finales);
-
Es
falsable.
Queda claro
que la ciencia de la creación no satisface estos estándares. No existen leyes
que podrían ser invocadas para explicar, por ejemplo, el diluvio universal
porque, de acuerdo con el creacionismo, el diluvio fue provocado por una
intervención divina. En hipotético caso que esto fuera correcto, igualmente la
explicación no sería científica porque la voluntad de Dios no está sujeta a ley
natural alguna. El creacionista explica pues sus postulados conduciéndose
siempre a la utilización de causas sobrenaturales y no a leyes conocidas. Cuando
afirma que la creación del Universo
sucedió no más de 10 mil años atrás, no lo hace sobre la base de evidencias
empíricas ni argumentos científicos defendibles hoy en día, sino debido a su
compromiso previo con las Sagradas Escrituras.
Además, los
postulados creacionistas no son tentativos sino finales y definitivos, pues
nunca serán cambiados ya que no existe observación alguna que pueda refutar la
creencia de los creacionistas que el Sol, la Luna, las estrellas, la Tierra y
la vida fueron creados simultáneamente, separados por espacios solamente de
unos días. La verificación empírica no juega aquí un rol decisivo porque la
decisión ya está tomada. Pase lo que pase, sus postulados seguirán siendo los
mismos.
Concluyendo,
hay que recalcar que el estándar científico sobresaliente consiste en aceptar o
rechazar las explicaciones, sobre la base de la lógica y las evidencias
empíricas y no sobre la base de las meras opiniones, las autoridades ni
verdades reveladas que han sido supuestas de antemano y se constituyen en
verdades indiscutibles e incambiables. Consecuentemente, las afirmaciones del creacionismo
son dogmáticas y no científicas, y esta conclusión no trata sobre la verdad
sino sobre la cientificidad: puede ser que lo que los creacionistas afirman sea
cierto pero nunca será científico.
sábado, 11 de septiembre de 2010
La creatividad: averigua si eres creativo
Hoy en día se cree que la habilidad de trabajar en equipo y la creatividad son características conducentes casi inevitablemente al éxito, en cualquier profesión, ocupando cualquier puesto. Sin embargo, siendo que las características personales siempre se manifiestan en conjunto, puede suceder que aquellas que conducen al éxito en una profesión, en otra pueden ser fuente de continuos problemas. Lo que lleva a éxito a un contable, puede ser fuente de fracaso de un animador de fiestas o locutor de radio. Así que la creatividad tiene un carácter bastante relativo.
Las investigaciones parecen demostrar que la creatividad está relacionada con dos características principales: el psicoticismo y la apertura. El estudioso más renombrado que investigó esta primera es Hans J. Eysenck. Según este científico, el psicoticismo –aunque suene a algo peligroso, en ningún caso se trata de una enfermedad mental- es una categoría que abarca a las personas que tienden a romper las normas sociales, con poca empatía, emocionalmente frías, egoístas y hasta capaces de crueldades. Pero, estas personas se caracterizan también por conductas extrañas e independencia de juicios y expectativas por parte de otras personas (no son conformistas). Las personas de alto grado de psicoticismo, aunque no se adaptan bien, son más originales y más resistentes a las presiones e influencias culturales, lo cual puede resultar a veces beneficioso. En el otro extremo están las personas muy sensibles a las necesidades ajenas, empáticas, pero muy convencionales y fácilmente moldeables por los grupos sociales.
Estar abierto a experiencias nuevas es otra característica íntimamente ligada a la creatividad. Las personas de estas características se interesan por las cosas del mundo y por sus experiencias interiores; tienen rica imaginación y una amplia gama de intereses. No temen novedades y poseen gran capacidad de tolerar situaciones ambiguas y fácilmente cuestionan las normas y las autoridades. La imagen que proyectan estas personas, en comparación con las del alto psicoticismo, es más favorable, pero también aquí existe el peligro de convertirse en un “outsider”. Una vez más se advierte sobre el valor relativo de estas características: pensemos sólo en un policía, por ejemplo, en cuyo caso la tendencia de desafiar las normas y autoridades existentes, sería altamente desfavorable.
Averigua si eres creativo
El siguiente, no es ningún “test” sicológico profesional, sino más bien una especie de juego que puede ayudarte a reflexionar sobre tus niveles de apertura a las situaciones nuevas y sobre cómo aprecias tu independencia. Para esto te servirán las dos listas de conductas que vienen a continuación. Piensa en tus conductas típicas en los últimos meses y reflexiona sobre si estas diferentes oraciones las describen bien o nal. Si crees que una determinada oración se aplica a muy bien a ti, entonces marca dos cruces al lado de ella. Si consideras que sólo se aplica en un grado o en cierto sentido, marca una sola cruz. Si en nada corresponde a tus típicas conductas, escribe “0”. Mañana te voy a dar algunas pautas sobre cómo interpretar los resultados.
Lista nº 1
[ ] Dedico una gran cantidad de tiempo para hacer lo que me apasiona e interesa
[ ] Cuando leo una poesía o contemplo una obra del arte experimento una sensación apasionante
[ ] Me atrae la mística y la metafísica
[ ] Paso mucho tiempo soñando despierto y fantaseando
[ ] Me gusta probar comidas exóticas y extrañas
[ ] Me gusta experimentar en mi vida, aún cuando esto podría acarrear sufrimiento a mis seres cercanos
[ ] Me siento bien en situaciones, en las cuales no hay un plan claro de lo que hay que hacer
[ ] Me siento bien con las personas cuya conducta es para mí imprevisible
[ ] Creo que no existe una sólo moralidad sino que cada cual debería actuar de acuerdo a sus propios criterios morales
[ ] No pongo mucha importancia en las tradiciones, por ejemplo, la forma cómo pasar las fiestas.
[ ] Hago lo que creo que es correcto, aún cuando esto no le gusta a los demás
[ ] Me conmueve poco ver sufrir a las personas o los animales
[ ] Me encanta hacer bromas irónicas
[ ] Me gusta choquear la gente con mi vestimenta o peinado
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Lista nº 2
[ ] Estoy muy concentrado en mis deberes y no pienso en cosas superfluas
[ ] La filosofía es para mí demasiado abstracta
[ ] Más bien actúo y pienso sobre la base de las cosas concretas en vez de fantasear sobre algo que es irreal
[ ] Hay personas que considero autoridades para mí y, cuando tengo que tomar alguna decisión pienso sobre qué harían ellas en mi lugar
[ ] Tengo algunos platos favoritos que como cada vez que pueda
[ ] Guardo las tradiciones; por ejemplo, las fiestas las paso igual que en mi niñez
[ ] En la vida me gustan las situaciones claras, en las cuales se sabe lo que hay que hacer
[ ] Me gustan personas seguras y predecibles
[ ] Creo que existen principios morales que todos deberían obedecer
[ ] Me resulta difícil mencionar algún hobby que tengo
[ ] Cuando tengo que tomar una decisión, generalmente pido consejo a otras personas
[ ] Hago todo lo posible para no herir a otros con lo que hago o digo
[ ] Fácilmente me pongo a disposición para ayudar a los que sufren
[ ] Me gusta vestirme como los demás
|
viernes, 10 de septiembre de 2010
Reflexiones sobre la personalidad

¿Qué tanto sabemos de nosotros? Se creía que la psicología moderna vinculada cada vez más a las neurociencias sería capaz de explicar los mecanismos de nuestro actuar, pensar, recordar o sentir. Si bien es cierto que sabemos cada vez más, la mayor parte de lo que nos enteramos es sobre lo mucho que nuestro cerebro oculta a nuestra conciencia; que actúa a nuestras espaldas y hasta lo que pensamos de nosotros mismos no es de fácil acceso: parece que las mejores decisiones son las que tomamos en forma impulsiva, antes de que entre en la escena nuestra razón y hasta podemos recordar cosas que podrían no haber ocurrido nunca. Sabemos mucho, pero “socráticamente”: lo mucho que aún nos falta por saber.
Coloquialmente decimos que alguien es una gran personalidad o tiene personalidad cuando se destaca en algo entre la multitud, pero los sicólogos sostienen que todos tenemos personalidad alguna, aunque difieren en lo que entienden por ella o en cómo clasificar sus diferentes tipos. Generalmente la definen como la totalidad de las formas de pensar, de sentir y de motivarse, además del conjunto de los patrones o formas de reaccionar. Así que el fenómeno de la personalidad implica una dosis de estabilidad y repetición. Aunque no todos están de acuerdo con la presencia de estos factores relativamente estables, la observación y el sentido común nos dice que hablar de la personalidad tiene sentido, ya que por eso, mientras más conocemos a una persona, más fácil nos es predecir sus reacciones, aunque esto suceda en diferentes grados de certeza. Por otro lado, la mayoría de las personas no parece cambiar demasiado su forma de ser en el lapso, digamos, de 30 años.
Lo que construye la personalidad, aparentemente es un sistema de características: las tendencias de reaccionar de una determinada manera. Estas características, en teoría, las tienen todas las personas, lo que los diferencia es la intensidad de cada una. Uno de los modelos más populares es el de los Cinco Grandes. Para los escritores de Wikipedia (al menos en español y en inglés) este modelo parece ser el más científico y último, pero según los especialistas, es algo desactualizado y superficial, sin embargo… pues como no citan algo que sea mejor, veámoslo. Estos Cinco Grandes son:
(1) Extraversión. Se caracteriza por alto grado de sociabilidad, tendencia a buscar compañía, a experimentar emociones positivas tales como alegría, satisfacción, excitación... etc. Las personas con esta característica fuerte son habladoras y constantemente necesitan de nuevos estímulos y nuevas sensaciones.
(2) Neuroticismo. Las personas con mucha intensidad de neuroticismo reaccionan fácilmente con reacciones negativas, como el miedo o la tristeza. Fácilmente se vuelven malhumoradas y no se desenvuelven bien en situaciones estresantes, aunque esto no significa –a pesar del nombre- que automáticamente tengan problemas con la salud psíquica.
(3) Amigabilidad y (4) responsabilidad son características propias del carácter de una persona, el cual se entiende como algo más específico que la personalidad, en tanto relacionado con los valores morales. En el primer caso, la persona por ejemplo es más puntual, responsable en sus deberes profesionales y, en el segundo, no tiende a crear conflictos pero así también, es más conformista y subordinada.
(5) Apertura a experimentar es lo más vagamente definido y el punto de mayores controversias: una persona “abierta” sería la que manifiesta sensibilidad hacia el mundo de los valores, intereses por el arte, filosofía, tolerancia por los diferentes puntos de vista y actitud favorable hacia los puntos de vista de las minorías.
Un aspecto positivo de este modelo es que las mencionadas características pueden ser observables mediante el habla: o sea, el uso del idioma. Se cree que para que algo sea significativo en el comportamiento humano tiene que poder expresarse a través del lenguaje. Y precisamente, el análisis del uso de los adjetivos, por parte de las diferentes personas, permite identificar sus características que predominan en cada caso.
lunes, 12 de abril de 2010
Dos estilos de los papas: examen de conciencia de la Iglesia


¿Cómo sería hoy en día un examen de conciencia público de la Iglesia? Diez años atrás lo hizo Juan Pablo II. Los dignitarios eclesiásticos confesaban los pecados de la Iglesia y pedían perdón. Aquella vez, el listado no abarcó, sin embargo, al pecado que hoy en día está comentado por todos: la pedofilia.
La crisis pedófila ensombrece aún más el pontificado de Joseph Ratzinger y constituye como el punto culminante de su serie de errores o pasos en falso. Los últimos informes de la prensa norteamericana, según los cuales el papa, en una época, trató de ocultar el caso de un sacerdote sospechado de abusar a los niños de una escuela de sordomudos, agregan aún más sombras a este pontificado.
La pedofilia y los escándalos sexuales de sacerdotes y monjes están tan expuestos hoy en día que, necesariamente, empujan al segundo plano algunos logros de Ratzinger como papa. Los analistas del Vaticano mencionan, por ejemplo, la disminución de velocidad con la que trabajaba antes la fábrica vaticana de producir santos y las reformas, con la notable disminución de la burocracia vaticana. Sin embargo, no faltan los que recogen unos significados contrastes existentes entre el pontificado anterior y el presente. He aquí algunos de ellos:
- Juan Pablo II llamaba la atención de los medios no-católicos por los gestos y las acciones que iban en contra del estereotipo tradicional de la Iglesia, mientras que el Benedicto XVI lo hace mediante sus pasos en falso;
- Mientras Juan Pablo II invitó a Asis, para rezar por la paz, a cristianos, musulmanes, budistas, hindúes y animistas, Benedicto XVI invitó a los lefebristas y levantó de ellos la excomunión impuesta por el anterior papa;
- Karol Wojtyla fue el primer papa que visitó a una sinagoga y rezó en frente del Muro de los Lamentos en Jerusalén y Joseph Ratzinger tensionó las relaciones judeo-católicas tan bien encaminadas anteriormente;
- Juan Pablo II también fue el primer líder católico que visitó a una mezquita donde levantó con veneración el Corán y Benedicto XVI causó disturbios anti-católicos en el mundo musulmán;
- Juan Pablo II viajó a Gran Bretaña donde supo romper los hielos existentes en el relacionamiento con la iglesia anglicana y Benedicto XVI, al recibir en el seno de la Iglesia a los sacerdotes contestatarios anglicanos que protestaban en contra de la ordenación de mujeres, es interpretado como alguien que anti-ecuménicamente apoya el cisma dentro de la iglesia anglicana.
Estas diferencias, sin embargo, no hay que interpretar en categorías doctrinales: ambos papas representan el conservadurismo y tradicionalismo. Así como no se podía esperar cambios algunos ni siquiera en cuestiones tales como el dogma de la fe, los anticonceptivos artificiales o el celibato de los sacerdotes, durante el pontificado del papa polaco, tampoco se los puede esperar ahora. La diferencia entre Juan Pablo y Benedicto consiste en el estilo de ejercer el pontificado, en generar señales emitidos al mundo que, entendibles en el primer caso, que permanecen oscuros o poco claros, en el segundo. El estilo de Juan Pablo II producía respeto en los medios que, cotidianamente, no se interesaban por la vida de la Iglesia, respeto, que el estilo de Benedicto XVI no genera. El papa actual causa la impresión de un ser solitario perdido, que toma decisiones en contra de su voluntad: no es una personalidad apropiada para las épocas de crisis.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Ambiciones de un padre
De modo que, esta mañana, me pregunté: “OK, hombre; ahora bien ¿qué es lo que te dice tu intuición al respecto? ¿qué ambicionas como padre?" Y luego de una breve reflexión, se me hizo claro que, por el momento al menos, solo tengo estas dos ambiciones paternales: (1) qué exista algo entre nosotros que siempre sea igual y (2) que no haya llanto en una situación particular extrema. Me explico.
Ambición primera: “Siempre igual”
En mi vida he conocido casos de personas, tanto en mi entorno inmediato como historias de algunas personas más alejadas, que me confiaron sus experiencias, y que ilustran lo espantosa que puede resultar la ambición paternal mundana mal enfocada. Hay un patrón en especial que se repite y que he escuchado realmente en numerosas ocasiones, el cual se expresa más o menos en esto: “Toda mi la escuela/colegio/universidad me pasé estudiando para satisfacer a mis padres y traerles siempre las máximas calificaciones. Los días más negros fueron aquellos, en los cuales me tocó traerles un cuatro en vez de cinco o no cumplir con sus expectativas: no soportaba ver sus decepciones. Me duele tanto no poder satisfacerlos en todo.”
Pues bien, esa experiencia negativa que con frecuencia escuché, se relaciona con mi primera ambición paterna: quiero que mi hija siempre se me acerque con la misma confianza. Cuando repruebe alguna asignatura o saque la nota que fuere, que venga con la misma confianza contándomelo, como cuando saque un 5. Que me cuente sus éxitos mundanos con la misma poca importancia que sus fracasos. Que la alegría de nuestros encuentros provenga sola, exclusiva e intrínsecamente de ellos.
Ambición segunda: “Sonrisa en vez de llanto”
Si bien esta primera ambición me parece realmente “ambiciosa”, pensándolo bien, la segunda creo que es aún más difícil. Ahí vamos. La ley de la vida hace suponer que, salvo raras excepciones, los hijos están destinados, tarde o temprano, a enterrar a sus padres. Ya veo que algunos dejarán de leer esto en este mismo instante, pues normalmente es incómodo hablar de la muerte, especialmente cuando ha aparecido una nueva vida. Sin embargo, yo opino que la táctica de avestruz respecto a este tema hace que estas separaciones definitivas, jamás inevitables, se convierten en años de angustia, amargura, nostalgia y dolor; se convierten, por causa de esta actitud esquiva, en situaciones insuperables que a veces persisten por el resto de la vida.
De aquí mi segunda ambición: quisiera que cuando eso ocurra, o sea, llamémoslo por su nombre: cuando yo muera, mi hija al acordarse de mi, en vez de romper en llanto, sonría ligeramente y piense algo así: “¡qué sabio era mi papá al enseñarme a no depender de nada y de nadie para poder ser apacible y feliz; ni siquiera de él :) ”.
_____________________________
Oíma, eso es todo: en 10 o 20 años, si aún vivo y este servicio de blog de Google continúa, les cuento cómo me va...
miércoles, 8 de julio de 2009
El comienzo
En el principio creó Anton su web y su blog. Y el blog estaba desordenado y vacío y las tinieblas estaban sobre la faz de las entradas.
Y el espíritu de Anton se movía sobre la faz de las entradas.
Y dijo Anton: "Que sea la primera entrada" y fue la primera entrada.
Y vio Anton que la entrada era buena y separó las entradas de la web.
Y llamó las entradas "blog" y el resto "web".
Y fue la tarde y la mañana del primer día.
Y el espíritu de Anton se movía sobre la faz de las entradas.
Y dijo Anton: "Que sea la primera entrada" y fue la primera entrada.
Y vio Anton que la entrada era buena y separó las entradas de la web.
Y llamó las entradas "blog" y el resto "web".
Y fue la tarde y la mañana del primer día.
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